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“Si su tono de voz y sus palabras están sincronizadas, usted está dando un mensaje claro. Si hay una discrepancia, su hijo puede preguntarse: ‘¿Qué es lo que realmente quieres?'. Si usted está diciendo palabras de enojo sin la convicción emocional, esto es confuso. Su hijo puede preguntarse que es lo qué realmente le está incomodando.”
Susanna Neumann, Ph.D.
Psicoanalista de Niños, Consultor, Universidad Rockefeller
Escuche su tono de voz en vez de sus palabras. A veces, no es lo qué usted dice, sino la manera cómo dice algo lo que tiene un impacto. Los niños sienten lo qué sus padres están sintiendo. Con frequencia, no están escuchando sus palabras tanto como que están mirando su cara y reaccionando al tono de su voz.
Háblele a su hijo como si usted estuviera componiendo una canción. “La comunicación padre-hijo se compone de música y de líricas”, comenta Michael Thompson. “Cuando alguien escucha la música, él puede enfocarse ya sea a la melodía o a la letra. Los niños siempre escuchan la melodía (o el tono) de la voz de un padre. Desgraciadamente, los padres, a menudo damos más atención a nuestras palabras.”
Escúchese a sí mismo desde la perspectiva de su hijo. Si usted siente que se está gestando un conflicto, pregúntese: “¿Me gustaría que me hablaran así?”. Si a usted no le gusta la manera como usted suena, pregúntese: “¿Qué me pasa, estoy enojado sin darme cuenta?”.