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“Si su hijo dice: 'No es justo', en vez de salirle rápidamente con una explicación, usted podría preguntarle: '¿Qué te parece que sería lo justo?'. Luego, espere su respuesta —y haga una pregunta de seguimiento. PISTA: Si usted encuentra que está pensando en una respuesta mientras su hijo está hablando, usted no está realmente escuchando.”
Michael Thompson, Ph.D.
Coautor, Criar A Caín. Asesor Principal de Proyecto
Haga una pausa y escuche a su hijo. Las acciones específicas —tales como el establecer contacto visual, agacharse a la altura del niño e inclusive la inclinación de su cabeza— muestran a su hijo que usted está escuchando. También le ayudan a USTED a hacer una pausa y a escuchar realmente. Si usted no puede hablar en ese momento, podría decir: “Hablemos en unos minutos; estoy a la mitad de algo.”
Repita lo que usted oyó. A menudo resulta útil exponer de nuevo en forma modificada lo que usted oyó y poner los sentimientos de su hijo en palabras. Usted podría decir: “Tú querías dar vuelta ahora, ¿verdad?” o “Parece que te da tristeza ir a la guardería el día de hoy”. Estas reflexiones en voz alta reconocen y ponen en palabras los sentimientos de su hijo. Sin embargo, haga esto con cuidado. Si un niño está en plena rabieta y usted le dice: “¡Estas enojado y fuera de control!”, podría agravar la situación, en vez de mejorarla.
Haga preguntas específicas para recabar más información. Usted podría decir: “¿Puedes decirme exactamente lo qué sucedió?”. Si tiene sentido hablar un poco más, podría preguntarle: “¿Qué es lo que más te ha molestado?”. Las preguntas de seguimiento reconocen los sentimientos y emociones de su hijo y consiguen hacer que hable de ellas. Y le ayudan a usted a recabar más información, de modo que podrá entender mejor lo qué sucedió realmente y lo que su hijo piensa la respecto.