Mara, de cuatro años, estaba nerviosa al ir a preescolar. Le encantaba jugar con otros niños y escuchar cuentos, pero sus profesores y padres notaron que ella no hablaba tan bien como los otros niños. Mara normalmente señalaba y gruñía para hacer entender a otros lo que quería. En una reunión con los padres de Mara su profesor de preescolar, sugirió que el equipo de educación especial del jardín de infancia evaluara a Mara. Al poco los padres de Mara recibieron una carta preguntándoles si estaban de acuerdo con la evaluación.